Miró al techo desde la cama. Lo distrajo el ventilador. Rápidamente se destapó y corrió a la ventana. A través de la rendija de la persiana, miró. Al principio no pasó nada. Veinte segundos después, tal como en el sueño que acababa de tener, aparecieron los hombres. Corrían calle arriba con pistolas en las manos. Los vió venir, de rostros enjutos y concentrados. A lo lejos, distinguió el sonido de los motores. No había sirenas ni bocinas. Más vendrían. Ya sabía, sin saber por qué, que lo querían a él. Observó con los ojos bien abiertos cómo se daban señales mudas entre ellos, cercando la pequeña vivienda. Con la mano derecha, agazapado, manoteó la cuerda y cerró la persiana del todo. En una ráfaga eléctrica de pensamientos, deseó ser Juan Carlos, el vecino que dormía plácidamente en su cama. Bajó las escaleras acelerando, su corazón agitado saltaba fuera del pecho; las piernas flotando de terror. Apagó la luz que dejaba siempre prendida en el piso de abajo. Y sintió pisadas que venían de arriba, de la azotea. Sin saber qué hacer, se tiró al piso y reptó hasta la pequeña puerta del sótano. A esta altura, cuando intentaba trancar la puerta con una vara de madera demasiado fina, sintió que forzaban la puerta más débil de la casa: la de la cocina. Cerró los ojos, apretándolos de una forma tan intensa que los pómulos rozaron sus pestañas. Rogó para que todo fuera la insólita realidad de una pesadilla. Pero no. Entonces comenzó a rezar, mientras los hombres tomaban la casa, en medio de la noche.
Este video muestra el poder de la mente, la concentración, pero sobre todas las cosas plantea un gran misterio. Es la pregunta que los humanos nos hacemos desde tiempos ancestrales. ¿Qué somos?, ¿cómo es posible?, entre muchas otras. Como está en cámara ultra lenta, el asombro que provoca es gigantesco.
Gordo pateaba la pelota contra la pared. Estaba solo. Hacía calor. Un sol aplastante caía desde el cielo, y algunas gotas de sudor brotaban de la frente del niño. Gordo estaba muy concentrado como para darse cuenta de lo que hacía. Era una concentración autómata, distraída pero perfecta, donde el paso del tiempo era irrelevante a merced de la pasión por el juego.
-Gordo, es casi mediodía, haceme el favor de venir a casa a comer-, dijo la mujer obesa, la madre de Gordo. Lo llamó, casi gritando, desde una ventana de la casita rosada. Llevaba puesto un delantal manchado con salsa de tomate.
Gordo optó por no mirarla y pateó la pelota con furia varias veces más contra el cemento grafiteado del callejón. Pero llegó la madre y lo arrastró puertas adentro, hacia la comida. Siempre la comida.
-Vení, es todos los días lo mismo contigo. Tenés que comer. Mirá cómo estás, sos un fideo.
Gordo empezó a enrollar los tallarines a la bolognesa sin ganas. Estaban buenos. En frente, la madre devoraba con desesperación su plato, y relojeaba la fuente transparente, seguramente para asegurarse de que había cocinado suficiente pasta.
-¡Eghstán muegnísimos!-, exclamó la mujer.
Gordo se volvió a su derecha y encontró la mirada desafiante del hermano. La boca llena de alimento, era una postal de la gula humana. No tenían mucho en común. Nada en común, para ser justos. Una inmensa distancia emocional los separaba desde pequeños. Además, los dividía el tema del peso.
-Gordo, mirá a tu hermano…, así tenés que comer, con ganas. Para eso te hicimos tu papá y yo-, avisó la madre con ojos cariñosos.
Gordo agachó la cabeza y recogió un poco más de pasta. Miró por la ventana y su mirada se iluminó. Los amigos del barrio llegaban a la canchita de tierra con una buena pelota. La madre detectó inmediatamente la situación. Y dijo:
-Ni lo pienses, amor. Estás gastando mucha energía. Vas a comer el postre y después dormir una siesta, como Dios manda.
-No quiero-, dijo Gordo con un hilo de voz.
-Le vas a hacer caso a tu madre.
Gordo hundió la mirada en el entrevero de spaghettis que era su plato. Juntó rabia. Y se la tragó como todos los días.
El hermano, “La bomba Julián”, como le decían Gordo y sus amigos, ya miraba T.V en el sofá. Emitían un programa de juegos y premios tontos. Julián descansaba su pesadez en el legendario sofá rojo, que ya había adquirido la forma redondeada del enorme culo que tenía. Gordo apreció la inmunda escena de todos los días. Sin terminar la porción, rumbeó hacia el cuarto para la siesta obligada. Dejar algo de postre (en aquel almuerzo flan con dulce de leche y nueces picadas) era una auténtica manifestación de rebeldía por parte del niño.
“Qué mierda”, pensó Gordo. Con esas dos palabras resumía su desprecio por la familia que tenía, y la angustia de no poder jugar al fútbol.
Se recostó en la cama, pero sabía que no iba a dormir. Puso las manos atrás de la cabeza y observó el póster de Zinedine Zidane. Era un póster bastante grande de 80 x 40 cm. Gordo lo tenía hace años y no se cansaba de observarlo. Zidane vestía la remera de la Juventus, el cuadro italiano que lo llevó a la fama. En esa oportunidad, enfrentaba a la Sampdoria. En la imagen, el semi-pelado estaba pegando un pase largo con gran técnica. Gordo repasó cada gesto físico del jugador. El impacto sólido pero delicado con el empeine del zapato en la pelota, el equilibrio de los brazos, la mirada fija en el balón. Imaginó el destino de aquel pase, y también la fantástica jugada que sin duda vendría. De pronto…
-Gordo, ¿te dormiste?-, gritó la madre desde la cocina.
-No. No puedo-, contestó Gordo.
-Entonces vení a terminar de lavar los platos, que tengo que ir a comprar la cena, antes que se lleven los mejores pollos del almacén-, vociferó la mujer desde la cocina.
-¿Vas a dejar que te pidan eso?-, abrió la boca Zidane.
-Gordo, te observamos hace tiempo, y sos bueno para esto-, completó Ciro Ferrara, gritando, porque estaba muy lejos en la foto.
Gordo abrió la boca y pronunció el silencio.
-¿Con quién hablás, Gordo?-, inquirió la madre.
Zidane y Ferrara le hicieron señas para que hiciera silencio. El resto de los jugadores observaban a Gordo, alguno, como el burrito Ortega, sonreía suspicaz.
-Con nadie, mamá-, alcanzó a decir el niño.
Volvió rápido la mirada al póster, y notó que Zidane lo llamaba.
-Vení, Gordo. Nosotros te vamos a ayudar-, dijo el astro. Y estiró la mano hacia Gordo. El niño vio cómo la tribuna tomaba movimiento, el sol del estadio delle Alpi impactó en su rostro momificado. El sonido ensordecedor de los tiffosi copó de a poco el cuarto, para luego extenderse en cuestión de segundos a toda la casa. Gordo sintió los pesados pasos de sus familiares, que gritaban y se aproximaban al cuarto. Corrió y cerró la puerta con llave. Ahora, el viento suave de la primavera italiana flameaba sobre su remera vieja. Gordo se miró y sintió miedo: ¿cómo iba a jugar así, sin la ropa oficial? Miró a Zidane, buscando una respuesta.
-No importa, apurate, ¡tomá mi mano!-, gritó Zidane con voz de capitán.
Gordo manoteó los zapatos de fútbol y entró. Afuera, en el corredor, la madre gritaba:
-Gordo, ¡apagá la radio y vení a la cocina! Te voy a poner en penitencia por toda la semana. ¿Gordo? ¿Gordo? ¡Estás castigado!
Pero Gordo amortiguó de pecho el pase de Zidane y encaró hacia el área para enfrentar al golero.
Este mes coloco el video de una canción que es un clásico de Tom Petty. Personalmente, uno de los mejores videos musicales que vi, porque es una película entera en seis minutos de melodías espléndidas. Fantasía y realidad van de la mano. Muchas veces nos perdemos en la confusión. ¿Hasta dónde somos nosotros mismos?
Eddie waited til' he finished high school He went to Hollywood, got a tattoo He met a girl out there with a tattoo too The future was wide open
They moved into a place they both could afford He found a night club he could work at the door She had a guitar and she taught him some chords The sky was the limit
Into the great wide open Under them skies of blue Out in the great wide open A rebel without a clue
The papers said Ed always played from the heart He got an agent and a roadie named Bart They made a record and it went in the chart The sky was the limit
His leather jacket had chains that would jingle They both met movie stars, partied and mingled Their A&R man said "I don't hear a single" The future was wide open
Into the great wide open Under them skies of blue Out in the great wide open A rebel without a clue
Xuxa: "Tengo orgasmos múltiples y veo duendes. Yo estaba en una hacienda cuando levanté la colcha y vi a un duende abajo de la cama. Me quedé rezando, no estaba preparada para ver a ese ser". Al igual que Xuxa y mucha gente más, creo en los duendes. Cuando pienso en un duende, imagino una criatura que nunca vi, vendría a ser como un unicornio, pero la diferencia es que el duende sí existe. Identifico el gris, el verde, rojo y violeta como sus colores preferidos. Un duende conoce muy bien al humano, sabe las pequeñas tretas que nos vuelven locos. A mi los duendes me robaron tres juegos de llaves en dos meses. Eso fue cuando tenía trece. Después aflojaron porque se dieron cuenta que ya era demasiado. Una situación típica para identificar la presencia del duende es la pérdida inexplicable de llaves, tarjetas, celulares, billetes, o algún papel importante con anotaciones que vas a encontrar cuando ya no sirvan para nada. Al duende le fascina verte buscar, disfruta de las preocupaciones ajenas. Sin embargo, no creo que sean malignos. Los actos de los duendes pueden dejar grandes enseñanzas para el futuro, siempre que aceptemos su existencia. Las frustraciones causadas por los duendes nos hacen mejores personas. El duende ataca especialmente a quienes andan por la vida sin prestarles atención. Nunca es bueno negar al duende. Conozco el caso de un amigo que cree en ellos. Perdió la billetera dentro de su casa de manera increíble. La buscó por días, hasta que, desesperado, gritó: <<¡Por favor, dénmela!>> A los dos minutos encontró la billetera en un lugar totalmente accesible, donde había buscado varias veces. Es creer o reventar. Estoy casi convencido de que atacan especialmente a las personas necias, las que se ofuscan rápido y pierden el control. Además, este tipo de personas tienden a no creer en los duendes, lo que constituye un grave error.Ahora mismo podrías tu estar rodeado/a de duendes. Por último, mis investigaciones acerca de los duendes muestran que hay dos tipos de razas: el duende de la ciudad y el duende de campo, o duende "natural". El duende de ciudad es el que se divierte con nosotros, puesto que vive alrededor de nuestras casas o incluso acurrucado en algún armario. El duende de campo reside en aquellos bosques autóctonos de la campaña, es muy veloz y detesta el contacto humano. Ambos comparten la característica de ser invisibles. El avistamiento de Xuxa es algo fuera de lo común, quizá el duende se durmió en la suavidad del colchón humano-lo cual constituye un grave error porque el sueño los vuelve indefensos y visibles-, o pudo sentirse atraído por la potencia sexual de la diva. Sólo Xuxa sabe.
Ser genio no es ser sabio. El genio es alguien que desarrolló su inteligencia de forma extraordinaria. Alguien que alcanzó nuevos horizontes en las ciencias o el pensamiento humano. Pero la aplicación de dicha inteligencia en la realidad no está contemplada en el concepto. Por eso, Einstein era un genio, pero no un sabio. Formuló una ley indispensable para la humanidad. Ayudó a contruir la bomba atómica. La ciencia avanzó con gran maldad. Después de ver lo que hicieron con su descubrimiento (Hiroshima y Nagasaki), trabajó para frenar el camino humano hacia la autodestrucción, que él ayudó a forjar. No fue sabio. Un sabio es aquel que logra una conexión con el universo. El sabio no teme a nada, es un visionario. Para él, el mundo discurre de modo evidente. El sabio conoce, saborea en su paladar la magia de la vida. El sabio enseña con el ejemplo y no con las palabras. El sabio, sobre todas las cosas, es dueño de actos puros, alejados en todo aspecto de la maldad.
Del disco conocido como Midnight Stroll, o Paseo de Medianoche en español, una gran canción dramática de las que a mi me gustan, pero me gustan de verdad. Robert Cray, un talentoso músico.